Icono del sitio Callejón Informativo

El Silencio y la queja no cambian nada

Anuncios

El Silencio y la queja no cambian nada

Por: Mónica Fragoso Maldonado

Este domingo, 1 de junio del 2025, millones de mexicanas y mexicanos tenemos una cita con la historia. La jornada electoral no es simplemente un trámite, una obligación o una rutina más del calendario cívico; es, en esencia, una oportunidad para refrendar nuestra voz, para decidir en qué tipo de país queremos vivir, y para fortalecer el frágil pero valioso tejido de nuestra democracia.

En días recientes he escuchado con preocupación un creciente murmullo de desencanto: “No sirve de nada votar”, “Todos son iguales”, “No voy a validar un sistema que está mal planteado”, “Esto es un fraude”, “Está muy complicada la votación”. Estas frases, comprensibles desde la frustración, la decepción o la indignación, también son profundamente peligrosas. Porque en democracia, el silencio no cambia nada. La ausencia no es protesta, es simplemente una renuncia.

Votar no significa aplaudir todo lo que está mal. Votar no es sinónimo de conformismo, ni mucho menos de ceguera ante los errores del sistema. Todo lo contrario: ejercer el voto es una forma legítima y poderosa de decir “aquí estoy”, “esto quiero cambiar” o incluso “esto rechazo”. Es también una manera de marcar límites, de premiar o castigar, de reconocer o de exigir.

La democracia no se sostiene sola. Requiere nuestra participación activa, informada, crítica. Renunciar a votar no es un acto revolucionario. Es, tristemente, dejar el campo libre. ¿De verdad queremos que esas decisiones las tomen otros por nosotros? ¿De verdad estamos dispuestos a regalarles el futuro a quienes sí se organizan, sí votan y sí buscan perpetuar sus intereses?

La democracia se construye todos los días, pero en especial se defiende en las urnas. No permitamos que la apatía, la frustración o la rabia nos roben la posibilidad de incidir. Si estás en desacuerdo, hazlo valer con tu voto. Si estás inconforme, exprésalo con tu presencia. Porque quien no vota, cede. Y quien cede, pierde.

Este domingo, salgamos a votar. No por ellos, sino por nosotros. Por nuestras hijas e hijos, por nuestras comunidades, por nuestro derecho a decidir. Porque sólo ejerciendo la ciudadanía podemos transformar aquello que no nos gusta. Porque la democracia, como la esperanza, sólo sobrevive cuando se le alimenta con participación.

Salir de la versión móvil