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INCLUSIÓN Y REPRESENTATIVIDAD: RICARDO AGUILAR

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INCLUSIÓN Y REPRESENTATIVIDAD

Ricardo Aguilar Castillo

Decir que estamos mal o muy mal, ya es un lugar común. Autocríticamente, me reclamo y les reclamo, que ante nuestra grave circunstancia de crisis partidista, no hayamos entendido los sentimientos de la nación; que ELECCIÓN, tras elección, nos viene reiterando los motivos de su desconfianza. Queremos remediar nuestros males buscando fórmulas sofisticadas, cuando durante años la gente nos ha señalado tres mandamientos elementales: Ser honestos; decir la verdad, y cumplir la palabra.

Ante el reto que tenemos cualquier método que se decida para renovar la próxima Dirigencia no sustituye a la Política. Las preguntas que creo pertinentes son ¿Cuál de los métodos que actualmente autorizan los Estatutos garantiza INCLUSIÓN Y REPRESENTATIVIDAD? ¿Cuál Garantiza y fortalece la idea del federalismo partidista? ¿cuál dispone de un trato equitativo en la representación política; y fortalece la unidad interna?

El método es importante sí, pero en cualquier caso es indispensable hacer mucha política, dialogar y conciliar posturas para lograr acuerdos.

A título personal, quiero aprovechar esta oportunidad, para compartir con todos ustedes algunas reflexiones sobre nuestro partido y sus circunstancias.

El Partido Revolucionario Institucional fue por muchos años, un partido de ideas, de compromisos sociales y, también, legítimamente de intereses de grupo, mismos que moderamos y consensamos a través de lo que llamamos oficio político.

A nivel mundial, el Revolucionario Institucional ha sido el partido gobernante que más años duró en el poder presidencial, porque equilibró estos factores.

El PRI, con pericia, supo leer los sentimientos de la Nación y la representó mayoritariamente. Eran los tiempos cuando prevalecieron los ideales y los compromisos sociales sobre cualquier otro interés.

Vinieron los años de la apertura política y económica y, con ellos, el correr del tiempo mexicano se aceleró. Nuestra sociedad permanentemente está cambiando a ese ritmo, mientras que el compás de nuestro partido quedó rezagado.

Hoy en día, los electores son muy exigentes, conocen el poder de su voto y lo ejercen a favor de las mejores propuestas y en contra de los malos gobiernos. Esta naturaleza del votante mexicano le hace bien a nuestro sistema de partidos, porque pone el umbral de satisfacción ciudadana, en una posición cada vez más alta, obligando a los partidos a ser cada día mejores.

En estas condiciones, tenemos frente a nosotros el deber de renovar al Partido Revolucionario Institucional. Queremos reconstruirlo a partir del reconocimiento y del combate de nuestros errores.

Decir que estamos mal o muy mal, ya es un lugar común compañeros. Autocríticamente, me reclamo y les reclamo, que ante nuestra Grave circunstancia y crisis partidista, no hayamos entendido los sentimientos de la nación; que elección, tras elección, nos vienen reiterando los motivos de su desconfianza.

Nuestro pueblo, nos mira con ojos legítimamente críticos, como un partido corrupto y encubridor, sumergido en sus propios intereses, convenenciero porque sólo acudimos a ella cuando necesitamos su voto con urgencia; un partido que sólo llama la atención cuando alguno de sus miembros protagoniza un escándalo que repercute en todo el país.

Más aún, como clase política hemos desmotivado e irritado a nuestra militancia; que advierte a sus dirigentes y representantes -me incluyo- opulentos e indiferentes a sus necesidades.

Todos estos factores, han costado y siguen costando al PRI, pérdidas de representación popular, de gobiernos municipales, estatales y, dos veces consecutivas y esta última, la pérdida de la presidencia de la república.

Muchas veces queremos remediar nuestros males buscando fórmulas sofisticadas, cuando durante años la gente nos ha señalado tres mandamientos elementales: Ser honestos; decir la verdad, y cumplir la palabra.

Los políticos que se sujetan a estas reglas, se han ganado un lugar en la historia de México, como Don Benito Juárez; quien cuando manejó las arcas nacionales, se negó a ser esclavo de las muchas posesiones y fortunas.

Hoy, nuestra responsabilidad inmediata es elegir a la próxima dirigencia nacional. En esta tarea estamos obligados a examinar a todos los aspirantes, en todos sus ángulos: Sus ideas, sus propuestas, sus motivaciones, y su trayectoria personal.

Tan importante es saber a dónde quieren llevar al PRI, como de dónde vienen; hay que sopesar los aciertos y yerros que le han sumado. No podemos seguir viviendo, pasando de cargo en cargo, sin aportar prestigio al partido.

La dirigencia no es un cheque al portador, ni plataforma para el lucimiento personal.

Queremos una dirigencia que se desgaste en resolver los grandes problemas del partido y evitar, una, de mera pose, en aras de proyectar una candidatura, aún a costa de sumergir más al partido.

Nos urge una dirigencia que represente la unidad de acción del PRI y encabece el esfuerzo de todos los priístas para reconciliarnos con la gente.

He observado y también entendido y escuchado a militancia de pie en los municipios y en los estados de México. Ahí he encontrado en muchos momentos la expresión federalizada de un partido nacional. Allí he escuchado los diferentes temas que perfilan a un partido renovado, mismos que sintetizo en diez puntos:

Uno: Queremos un partido honesto en toda la extensión de la palabra.

Dos: Queremos un partido deliberativo al interior y con unidad de acción hacia fuera. Rechazamos la unidad silenciosa o estática; la queremos fundada en la crítica, la propuesta y el convencimiento de la mayoría.

Tres: Queremos un partido cercano a la gente. Ser priísta es una responsabilidad muy grande y significa estar siempre del lado de la gente, ponerse en sus zapatos, conocer y representar sus anhelos, buscar la justicia social y luchar contra cualquier forma de injusticia donde quiera que se presente.

Cuatro: Queremos un partido justo. Que reconozca a sus militantes de a pie, dándoles motivos de identidad y orgullo; un partido que también señale a quienes con sus actos le añaden desprestigio.

Cinco: Queremos un partido austero de acuerdo a la realidad social del país.

Seis: Queremos un partido con claridad ideológica y propuestas concretas, que le aporte al país una vía conciliadora, fundada en la argumentación responsable y respetuosa, incluso, con los que piensan distinto.

Siete: Queremos un partido con una estructura operativa profesionalizada y eficiente; un partido con principios, programas y normas sencillas que le devuelva realmente lo básico y comprensible a sus documentos.

Ocho: Queremos un partido con credibilidad; que haga lo que diga.

Nueve: Queremos un partido vigilante de sus gobiernos y representantes populares; un partido cuya relación con los otros partidos tenga como principio la colaboración fundada en todo lo que beneficie al pueblo y, evite a toda costa, ser comparsa u obstáculo sistemático.

Y de manera muy especial, el punto;

Diez: Queremos un partido responsable, solidario y respetuoso con sus estructuras locales, principalmente con aquéllas donde somos oposición.

Esto es parte de la renovación que estamos obligados a realizar para aspirar a ser una alternativa electoral en nuestro país.

Tenemos que recuperar los bríos del partido para beneficio de la gente. Afuera hay temas de fondo que están esperando la posición de un partido que ayude a resolverlos.

En lo personal me comprometo a trabajar decididamente para contribuir a recobrar el orgullo ideológico, político y electoral del Partido Revolucionario Institucional.

(Apuntes del diputado Ricardo Aguilar sobre la coyuntura del PRI ESTADO DE MÉXICO publicados en sus redes sociales)

 

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