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La lucha entre la vieja política y la nueva

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La lucha entre la vieja política y la nueva

Por: José Alam Chávez Jacobo

Con la elección del pasado 2 de junio, podemos ya reflexionar que nuestro sistema político se encuentra en una incipiente transición, entre las “viejas maneras de hacer política” y “las nuevas formas”. Es importante, estimado lector, que sepas que con este análisis no pretendo que tomes partido por una u otra, sino que veamos más allá de lo que vivimos, con apertura, pues desde mi punto de vista ninguna logrará sobrevivir.

La vieja forma de hacer política está notoriamente marcada por una clase política que se hereda entre familiares o colaboradores afines; donde resalta la frivolidad por el gasto excesivo, con líneas discursivas de poco fondo para la solución de problemas y muchas frases y palabras armónicas pero sin substancia; era una política de preservación de instituciones burocráticas sin modernización a los nuevos contextos de vida, de una clase política muy alejada de la realidad ciudadana, y de una toma de decisiones basada en estructuras verticales y unipersonales.

Por otro lado, “la nueva clase política”, que no es tan nueva, pues emana de una ruptura de la anterior. Su mayor característica se define por ir en contra de todo lo anterior, que principalmente genera un contraste entre los opuestos: lo viejo contra lo nuevo, los ricos contra los pobres, los de abajo contra los de arriba, la gente común contra los privilegiados; es decir aplicaron el principio de divide y vencerás, pero esta forma obviamente ha generado un colapso social. Por otra parte, la toma de decisiones se aparenta en conceptos de colectividad, democracia, participación ciudadana y responsabilidad política; aunque en el fondo no lo es.

Ahora bien, cual prevalecerá, desde mi punto de vista, ninguna; aunque aparentemente pareciera que el nivel de participación de la pasada elección y la votación indicara que sería lo nuevo; no es así, pues lo nuevo es una incipiente corriente o movimiento, al cual le falta fondo, y cuya forma en el fondo es autoritaria y nada alejada a lo viejo.

En los próximos años, lo que sí veo es la construcción de una nueva era política que ya no sea un accidente histórico emergente, derivado de una crisis económica, política y social que tiene que corregirse, desde la sociedad, pensando en un enfoque colectivo y de mayor involucramiento social, dicha transición tardará por lo menos 10 años más, e inicia con la nueva formación de una clase política con estructuras de poder más horizontales, que sea más práctica que teórica, más cercana a las personas y a los problemas actuales. 

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