Icono del sitio Callejón Informativo

LOS DESAPARECIDOS…

Anuncios

Los desaparecidos

Por: Mónica Fragoso Maldonado

Hace unos días pude ver la película “Ruido”, era imposible no volver a sentir esa indignación, frustración y coraje, pues este tipo de historias que han podido recrearse no deberían de existir, al igual que “Sin señas particulares”, “Ayotzinapa”, entre otras; sin embargo, existen, pues son parte de una realidad que casi nadie quiere reconocer, pero que debemos aceptar que está ocurriendo.

El reconocimiento y aceptación es una parte importante, pero ahora hay que pasar a la acción; la situación se complica cuando en las cúpulas del poder existen otras prioridades menos las de vincularse y escuchar a las víctimas y sus historias para buscar de entre varias estrategias una solución que sea en tres sentidos: la búsqueda y localización de sus familiares, la aplicación de la justicia para cada evento, y una tercera la prevención de repetición de estos hechos.

Detrás de las desapariciones forzadas existe una cadena de sucesos graves, entre ellos la violación de varios derechos como: el de reconocimiento a la personalidad jurídica; la libertad y seguridad de la persona; derecho a no ser sometido a torturas, ni a otros tratos o penas crueles, o inhumanas, o degradantes; en el caso de la muerte del desaparecido, el derecho a una identidad, así como la reparación del daño, y reconocer la verdad sobre las circunstancias de la desaparición. 

En nuestro país, se consideran poco más de 100 mil personas desaparecidas (desde 1964 al 2022), cifra que no deja de ser una muestra permanente de impunidad y una tragedia en nuestra sociedad, y aunque se han realizado algunas acciones para evitar que sigan las desapariciones, aún falta eficientar las labores de coordinación entre las autoridades, evaluar las acciones de búsqueda contra los resultados, involucrar aún más a los familiares de las víctimas y generar estrategias de prevención y pronta localización, pues la deuda que se tiene con las víctimas y sus familias no solo es histórica, sino moral, pues vivir en la incertidumbre de no saber si un familiar vive o está muerto es un duelo eterno que no se merece nadie y que como sociedad no podemos permitir.

Además, podemos agregar que las personas desaparecidas tienen un lugar dentro de nuestra sociedad, siguen permaneciendo a ella, y nada ni nadie puede ocuparlo o negarles esa pertenencia, por ello, olvidarlos es negarle ese espacio y no reconocer su existencia como parte de la colectividad hará que el proceso de reconciliación social sea imposible.

Categorías

Sin categoría

Salir de la versión móvil