Teletrabajo o home office, las nuevas formas de trabajar.
Por: Mónica Fragoso Maldonado
Para quienes pugnábamos por mejorar el equilibrio entre el trabajo, la vida personal y familiar, se han puesto de moda dos modalidades que van a revolucionar a partir de este momento la forma de laborar: home office y el teletrabajo. Pero que como todo requiere de una madurez y preparación a fin de vislumbrar si somos aptos o no para realizarlas, hoy quiero abordarlos, pues cada vez más se hablará de ellos.
Para abordar el tema es necesario saber el concepto de cada uno de ellos, pues algunas personas los suelen confundir.
Home office, es desarrollado por una persona con la cual sí existe una relación laboral entre él y su empleador, pero en ella se le pide al trabajador que asista al trabajo uno o más días y que otros los realice desde su casa o desde algún otro lugar donde pueda desempeñar su función.
El teletrabajo, es una nueva modalidad de empleo donde también existe una relación laboral formal a través de la cual haciendo uso de la tecnología o diversos medios de comunicación se le permite al empleado realizar sus labores desde su domicilio o desde algún otro lugar donde pueda realizarlas.
Para el desarrollo de ambas modalidades de empleo existen las siguientes ventajas: hay una conciliación entre la vida familiar, personal y laboral del empleado para manejar sus tiempos y el tiempo de desarrollo de los proyectos; se genera un ahorro de tiempo y de dinero, toda vez que el trabajador ya no se desplaza en llegar al centro laboral; para la organización se genera un ahorro en los gastos y espacios de las oficinas; disminuye la contaminación, al no ocurrir el desplazamiento del trabajador; se reduce el ausentismo laboral; hay menor número de accidentes de trabajo y se da una disminución de estrés y agobio por parte de los empleados.
Ahora bien, revisemos los inconvenientes de estas modalidades: existe una posible desvinculación emocional y de identificación organizacional del trabajador con la empresa, al no estar de forma física el trabajador; se observa una dificultad para controlar la productividad; complica el trabajo en equipo, toda vez que no hay un lugar físico en los que se puedan estar reuniendo los equipos de trabajo; se ha demostrado que el empleado se aisla o se excluye de la organización, lo que puede generar un descenso de la productividad, porque depende también del ambiente que tenga en su casa para trabajar y por ultimo hay una reducción del aprendizaje en el puesto laboral.
En conclusión, podemos afirmar que la revolución tecnológica ya había puesto en la mira estas dos modalidades de trabajo, pero que ahora se están viendo aceleradas por la situación de la pandemia del COVID-19, pues se ha convertido en un tema a debate no sólo en las empresas, en las organizaciones y en los gobiernos que tendrán que valorar muy seriamente el futuro de estas modalidades, pues para la realización de ellas se requiere de una madurez que se va a ir adquiriendo y que también puede ayudar a que la crisis laboral que estaremos pasando se acorte, pues mucho se ha dicho que la recuperación de empleos perdidos se realizará hasta el 2023. -Y tu ¿cuál prefieres?-
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