¿DERECHO DE PISO?

¿Derecho de piso?
Por: Mónica Fragoso Maldonado
Estimado lector, pocas veces utilizo este espacio de análisis y opinión para tratar temas o vivencias personales; sin embargo, en esta ocasión lo haré, debido a que creo que sería peor seguir guardando silencio y no abrir los ojos a lo que realmente está ocurriendo en nuestro estado y país.
Los signos de alarma son excesivamente evidentes, y van desde la cancelación de una feria tradicional en el municipio de Metepec, hasta el cierre de diversos locales comerciales, y no, no se trata de generar pánico en la población, pero sí es importante hacer una profunda reflexión y sobretodo un llamado a las autoridades responsables para que se pongan a realizar un verdadero trabajo de seguridad en favor de todos los ciudadanos; y lo digo claramente porque además de la labor política que he realizado, presido una asociación civil que tiene como labor principal, el ayudar a mujeres que han sufrido violencia, nuestro trabajo lleva más de 15 años en el Estado de México.
Como saben, las asociaciones civiles siempre tenemos problemas para financiar nuestras actividades, por ende se trabaja con recursos de quienes somos los integrantes o miembros de las mismas, es decir, nuestras acciones no generan ningún lucro. A finales del año pasado, 2021, decidimos nuevamente buscar un espacio en el cual pudiéramos retomar nuestras actividades presenciales, que se habían detenido por el tema de la pandemia; todo el mes de diciembre estuvimos funcionando sin mayor problema, se comenzaron a dar pláticas presenciales, sin embargo, a finales del mes, recibí una llamada telefónica (a mi celular personal), de un sujeto que dijo ser el encargado del orden en la zona, el cual me dejó claro que pertenecía a un “grupo organizado” con la finalidad de exigirme acudir a una reunión, y al no hacerlo así, de manera constante se empezaron hacer presentes diversas personas en la sede de la asociación, insistiendo en que a cambio de seguridad de mis actividades y de las personas que acudían al lugar, tendría que entregar un “apoyo” mensual; después de diversas acciones, tomé la decisión de cerrar el lugar y de ponerle un alto temporal a las actividades que caracterizan a la asociación, principalmente por seguridad de las personas que acudían como usuarios.
Posterior a ello y tras una mini investigación por la zona con los vecinos me enteré –a pesar del temor que los invade–, que esto fue dándose desde el segundo semestre del 2021, y que por ello, muchos decidieron cerrar sus negocios.
Más allá de “filias y fobias” y de la impotencia que sentía, quiero platicarles que lo más doloroso que percibí en estas circunstancias cuando lo revelé, fue que ninguna autoridad municipal, estatal o federal se hace responsable, su discurso gira entorno a señalarse mutuamente por lo ocurrido en el pasado o por argumentar que no es del todo su responsabilidad. Como abogada o ex legisladora les puedo decir que me queda claro que es un tema de coordinación institucional, pero sobretodo, de voluntad política; pero como ciudadana, les puedo asegurar que como yo, muchos ciudadanos estamos más que cansados de esta situación, que nuestro mayor interés radica que nos resuelvan la problemática, que trabajen de forma coordinada, que hagan lo que la ley les manda y para lo que reciben un sueldo, por cierto, pagado por nosotros los ciudadanos.
Agradezco principalmente a los ciudadanos que se han solidarizado después de conocer esta historia, me queda claro que nuestro estado y nación es más grande que sus problemas, me queda claro que somos mayoría quienes queremos vivir de forma pacífica, pues me sigo negando a entregar mi tranquilidad a la delincuencia, que en este momento al parecer tiene un mayor terreno de acción sobre la nula respuesta de nuestras autoridades, lo que conlleva hacer también cómplice de estas acciones; claudicar o abandonar la lucha qué tanto enarbolan en campaña y que es no se ve en la realidad, es una bofetada para todos y cada uno de los ciudadanos que vivimos en este lugar con el anhelo de construir algo mejor.
Por último y para que no quede duda, llevo más de 10 años señalando desde cualquier trinchera en la que he estado, que su estrategia de seguridad no es viable; desde entonces, diversos gobiernos han pasado y todos ellos la han continuado sin un resultado significativo; luego entonces ¿qué esperamos para un cambio radical?
En conclusión, la exigencia ciudadana a cada una de las autoridades es, para que en el ámbito de su competencia, nos devuelvan la tranquilidad, la paz y sobre todo la seguridad y certeza de salir a la calle sin miedo; en caso de no poder, mejor renuncien y déjenle el espacio a quien si quiera y pueda hacerlo.
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