El amargo sabor de la injusticia del café mexicano

El amargo sabor de la injusticia del café mexicano
Por: Mónica Fragoso Maldonado
Estimados lectores, les debo confesar que una de las cosas que más disfruto es una buena taza de café; pero cuando lo tomamos casi nunca pensamos en las manos que lo cultivaron, ni en la historia que hay detrás de las personas que hacen posible que llegue hasta nosotros este placer.
Según un reciente informe denominado “Explotación y opacidad: La realidad oculta del café mexicano en las cadenas de suministro de Nestlé y Starbucks” de organizaciones de la sociedad civil como: “Enlace, Comunicación y Capacitación A.C.” (dedicada a defender los derechos de comunidades indígenas y promover el desarrollo sostenible), “ProDESC” (que promueven y defienden los derechos económicos, sociales y culturales de las personas) y el “Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan” (enfocada en la defensa de pueblos originarios de Guerrero), el 70 por ciento del café producido en nuestro país está manchado por la explotación laboral, violaciones a derechos humanos y condiciones de vida miserables.
El informe expone cómo las empresas Nestlé y Starbucks, marcas que proyectan una imagen de responsabilidad social y que ninguna autoridad revisa que así sea, se benefician de un sistema que reduce a los cafeticultores y jornaleros a la invisibilidad.
Esto no es menor, ya que estas personas, mayormente indígenas trabajan jornadas extenuantes por salarios inferiores a 100 pesos diarios, sin contratos, sin acceso a salud, y en muchos casos, bajo amenazas, además en la investigación se encontraron a menores de edad y a mujeres embarazadas, atrapados en ciclos perpetuadores de pobreza y marginación.
Estas prácticas en plena actualidad siguen existiendo debido a la opacidad en que se mantienen; y mientras que las empresas compran un kilo de café en 20 o 30 pesos, ellos lo comercializan en más del doble.
Lo cierto es que conocer y difundir esta verdad no es suficiente, indignarnos tampoco lo es, hay que traducirlo en acción; como sociedad, debemos demandar que las leyes sean aplicadas. Nuestro café es reconocido mundialmente por su calidad, lo que lo hace merecedor de una historia distinta y esa historia está en nuestras manos.
Como sabes, querido lector, esta columna en particular busca despertar la conciencia sobre la urgencia de romper con la normalización de la explotación que sufren seres humanos, invitándote a cuestionar no solo el actuar de las empresas, sino tu propio papel en este sistema, reencausando tu actuar en él, para así poder cambiar el destino de nuestros pueblos originarios sin dejar el placer de una buena taza de café.
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