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INFANCIA ROBADA…

Infancia Robada

Por: Mónica Fragoso Maldonado

En pleno siglo XXI, la infancia sigue siendo arrebatada de las formas más crueles e inaceptables. Una de ellas, quizá la más silenciosa y devastadora, es el embarazo infantil, una tragedia con rostro de niña, con cuerpo aún en desarrollo, enfrentando dolores y cambios corporales que su organismo no está listo para soportar. Según datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), cada año, alrededor de 12 millones de niñas menores de 18 años dan a luz en el mundo, muchas de ellas forzadas por contextos de violencia sexual, matrimonios forzados o estructuras sociales permisivas con la impunidad; más desgarrador aún, se estima que alrededor de 2 millones de estos partos corresponden a niñas menores de 15 años.

México ocupa un lugar alarmante: el primer lugar, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE); mientras que el Consejo Nacional de Población (CONAPO) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reportan que tan solo en 2023 nacieron más de 8 mil bebés de madres menores de 14 años en el país; niñas que, en muchos casos, fueron víctimas de abuso sexual perpetrado por hombres significativamente mayores, muchas veces conocidos o incluso familiares. Estas cifras no son solo números, son infancias truncadas, derechos violados, proyectos de vida desfigurados por una sociedad que sistemáticamente elige mirar hacia otro lado.

Muchos, estimado lector, se preguntarán ¿Y los padres de estas niñas? Es aquí donde el silencio se vuelve denso, pues más del 90 por ciento de los agresores no enfrentan ninguna consecuencia legal, según datos del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE). La impunidad alimenta esta violencia, la negligencia y omisión de los padres o tutores legales de estas menores configura también una forma de violencia estructural. El Estado Mexicano, al igual que muchos gobiernos latinoamericanos, ha sido omiso o tibio en su respuesta.

La legislación debería ser clara y prohibir el embarazo infantil, estableciendo que cualquier embarazo en una niña menor de 15 años es producto de abuso sexual, pues no existe consentimiento, y cualquier intento por justificarlo desde la cultura, la religión o la costumbre, no es más que una forma de encubrimiento.

Los gobiernos definitivamente deberían investigar y judicializar todos los embarazos infantiles como delitos sexuales, asegurar atención médica, psicológica y educativa especializada para las niñas víctimas, urge implementar políticas de prevención con enfoque de género y derechos humanos desde la primera infancia y educar con perspectiva crítica a las comunidades, fortaleciendo redes de protección. No basta con alarmarse. Hay que actuar. La omisión es complicidad.

Como dijo Gabriel García Márquez, con la crudeza que le caracteriza: “La peor forma de injusticia es la justicia simulada.” Y yo añadiría, que la peor forma de violencia es la que se normaliza. No podemos, ni debemos permitir que miles de niñas den a luz cuando deberían estar jugando, aprendiendo, soñando, porque cuando una niña es obligada a ser madre, toda la humanidad fracasa.


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