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LA CARRERA HACIA EL PODER…

La carrera hacia el poder
2023: el PRI en la imaginaria
Por: Miguel Ángel Ordóñez Rayón

En la entrega primera entrega de esta columna dijimos esto acerca del escenario electoral que enfrentará el PRI en el 2023, en la elección para gobernador del Estado de México

En la imaginaria por el PRI


En el otrora partidazo los candidatos a gobernador siempre han resultado de acuerdos cupulares entre ex gobernadores. Con excepción de Arturo Montiel, los gobernadores en turno no han podido imponer a sus candidatos. O dicho en positivo, no han podido lograr los concensos para ellos. Esta vez será igual: los ex gobernadores marcarán el rumbo de la candidatura priista y el gobernador del Mazo verá pasar el proceso para legitimarlo, pero no para imponer. Independientemente de esos acuerdos de la élite estatal, lo que más le conviene al PRI en esta coyuntura de voto antisistema es que la candidata sea una mujer con el expediente más ligero de corrupción, impunidad y abuso de poder. La razón es simple: quien abandere al PRI representará la continuidad de un gobierno estatal mal calificado y un gobernador ausente. Por eso tiene lógica que el PRI pueda vender mejor a los electores un perfil nuevo, limpio lo más posible y con capacidad para generar acuerdos, gobernar, meter orden y darle riendas y rumbo al estado. En este momento las figuras que se acercan a ese perfil son dos: Alejandra del Moral Vela y Ana Lilia Herrera Anzaldo. Ambas, por cierto, con amplio apoyo entre los ex gobernadores.

Hoy ampliaremos el análisis sobre las circunstancias del PRI en su carrera para conservar el poder estatal en 2023.

Le suma:


El PRI está haciendo lo que mejor sabe hacer y lo está haciendo una mujer: renovar sus estructuras y auditar los liderazgos que todavía se mantienen firmes y en la lucha. Con esta acción propia de su papel como dirigente estatal, Alejandra del Moral toma ventaja hacia 2023, aunque sus posibilidades reales se verán reflejadas en los resultados electorales de 2021.
Figuras políticas que antes eran definitorias, como los ex alcaldes priistas, dan la cara con su dirigente estatal. Y suma porque manda señales que le dan oxígeno al PRI.

Le resta:


El gobernador está maniatado por las propias circunstancias. Y lo estará al menos hasta que pase la elección para renovar ayuntamientos y Congreso local en 2021. Se ha dicho mucho, pero hay que repetirlo: Alfredo del Mazo no se va a pelear con el presidente de la república y eso acota su capacidad de acción. Y mucho menos lo hará mientras los congresos local y federal sigan controlados por Morena.
El PRI sigue dividido. Los niveles de esa división se perciben mejor en acercamientos municipales y regionales. En todos lados por lo menos presenta fisuras, pero la división llega también a manifestarse en forma de traición que fractura la médula espinal de los priistas: la estructura y la disciplina partidista.
El PRI no tiene mucho para dónde crecer. Por eso, el hecho de que no tenga enfocados estratégicamente sus objetivos electorales lo debilitan y, por tratar de abarcar mucho, aprieta poco. Para decirlo en otras palabras, la zona de oportunidad para que el PRI recupere distritos electorales importantes y algunos municipios es el sur de la entidad. De eso hablaremos en la última parte de esta columna.

Le afecta:

El estado de ánimo social sigue con predominantes pesimistas y eso alimenta el voto antisistema a nivel estatal. Es importante argumentar en este espacio cuáles son las implicaciones electorales del voto antisistema: se trata de un comportamiento electoral con marcada tendencia hacia el cambio radical. Los electores antisistema buscan cambiar todo: de entrada, cambiar de partido, grupo y élite gobernante, pero también programa, estilo de gobernar, forma de hacer política, se manifiestan insatisfechos con los resultados del gobierno, no creen en las ofertas electorales y los beneficios obtenidos del gobierno no son suficientes para ellos. En estas circunstancias, el gobernador Del Mazo representa el sistema que los electores quieren cambiar radicalmente y de fondo. Y eso no va a cambiar en los siguientes años. Por esa razón no es ni será un activo político para el PRI. Y también por eso la estrategia del PRI debe estar pensada teniendo al gobernador como pasivo electoral.
No hay razones para pensar que las condiciones económicas, la seguridad y el empleo mejoren significativamente en los próximos dos años. Y si acaso mejoran, debido al estado de ánimo social percibido en la entidad, esos logros no se le asignarán al gobernador ni al PRI. Es decir, los electores, que hoy son mayoritariamente antisistema, no les reconocerán ningún mérito.
Efecto traición. Dicen los enterados y los que mucho saben de operación política, que en política no hay traición, sino mala negociación. Y por lo visto, las últimas dirigencias priistas que enfrentaron elecciones no supieron negociar con sus élites locales y fueron traicionados, al grado de que esas figuras optaron por definir la última elección a favor de Morena. Hoy este fenómeno sigue vivo, entre otras razones porque el gobierno estatal priista no ha abierto suficientes espacios para garantizar que esas élites se mantengan compactas. Muchos de ellos están ahora en los municipios que gobierna Morena. Y es altamente probable que sigan ahí mientras no los corran y acá no los busquen. Es importante precisar que para un buen operador político que pueda tomar decisiones y tenga los recursos, motivar lealtad o traición es simple: se trata de ofrecer alternativas políticas y personales traducidas en beneficios directos e inmediatos que mejoren su oferta económica y de empleo. Al PRI le sobran operadores de este tipo, pero no están haciendo su tarea porque nadie en el gobierno del Estado ni en el PRI se los ha pedido. Incluso, los recientes cambios en los gabinetes regionales indican que los nuevos responsables no tienen la indicación de operar con esas miras electorales, sino simplemente mantener en buenos niveles la relación con los alcaldes morenistas. El riesgo es que, cuando intenten operar, puede ser demasiado tarde.

Le conviene:

Ecatepec, Naucalpan, Chalco, Nicolás Romero y Tlalnepantla están considerados como los municipios más inseguros. Y todos son de Morena.
Los gobiernos municipales de Morena no están dando los resultados que la gente esperaba.
Morena está dejando sueltas a las élites locales, algunos de los cuales están buscando retornar al PRI y otros buscando cobijo en el PAN.
La madre de todas las batallas por la candidatura a gobernador se va a dar en Morena.
El país está en vilo y los niveles de aprobación del presidente López Obrador están a la baja.

Factores clave de éxito para el PRI:

Recuperar el sur del Estado. Más que ninguna otra región, el sur del estado es básico. Y para botón de muestra, doy un ejemplo basado en los resultados electorales para gobernador en 2017 entre el distrito local 9 con cabecera en Tejupilco, y los distritos locales 6, 8, 21, 22, 42 y parte del distrito 37, con cabecera en Ecatepec.

Veamos la siguiente gráfica:

El PRI debe plantearse estratégicamente recuperar el sur del Estado en 2021 para aspirar seriamente a mantener la gubernatura en 2023. Sin el sur nuevamente bajo su control, el PRI entregará inexorablemente la entidad a los que hoy son su oposición. Por ahí debe empezar y hacerlo bien y a tiempo sin descuidar las otras regiones del Estado. Pero que quede bien claro, sin el sur, al PRI no le alcanza para mantenerse.

En la siguiente entrega: 2023, el Higinio Martínez en la imaginaria


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