Las malas decisiones de la cuarta transformación
Por: Mónica Fragoso Maldonado
Desde que se eligió el actual gobierno, por el enojo ciudadano que ya no podía contenerse debido al hartazgo, el abuso del poder y la corrupción; hubo un momento de esperanza de que las cosas iban a cambiar y que todo mejoraría, pues finalmente la ciudadanía había emitido un voto a un proyecto que aparentemente se vendió como un cambio transformacional.
El problema detrás de esta aparente nueva forma de gobernar era uno enorme, que se puede resumir en 3 aspectos: una elección de ese nivel de participación ciudadana tan alta guardaría una sensación de buscar resultados prontos y tangibles, en segundo término tener una clase política que realmente gobernara escuchando a la gente y la tercera, pero no menos importante un buen uso de los recursos públicos.
Ahora siete meses después, la realidad es otra, y es necesario realizar un análisis sobre los tres aspectos ya referidos con anterioridad:
Primero, la ciudadanía comienza a reclamar la falta de resultados tangibles, pues al principio del cambio de gobierno se dio una especie de tiempo de gracia, pero en la actualidad ya se comienza a exigir que se dé cumplimiento a lo ofertado en campaña, un cambio real, favorable, que hasta el momento no se ha comenzado a sentir.
Segundo; la actual clase política deja mucho que desear pues ha demostrado una falta de sensibilidad de atención a la ciudadanía y de preocupación por los problemas que la aquejan principalmente en el rubro de salud y empleo.
Y, respecto al tercer punto, relativo al buen manejo de los recursos públicos, es aquí en donde se puede observar la mayor falla, pues han desaparecido programas tan importantes como comedores comunitarios, los relacionados a emprendedores y la modificación del programa de guarderías y de desarrollo social; todos ellos bajo una premisa que se utilizó como justificación “la corrupción” sin que hasta el momento exista de forma pública alguna sentencia o sanción con nombre y apellidos de los responsables (lo que habré la puerta a la duda); las supuestas medidas de austeridad (para algunos, pero no para todos en su totalidad) no se han traducido en un beneficio para la prestación del servicio público, ni en la reducción tangible de los sueldos de los altos funcionarios, pero que si están afectando la operación de las instituciones en infraestructura, y operación de los servicios públicos de calidad (abasto de medicamentos, elementos de uso diario, cancelaciones obras públicas, etc); y lo que más duda nos deja es que no se ha explicado claramente de donde se ha restringido el dinero hacia donde se ha encauzado y cuál es la razón de estas decisiones, pues si se han vendido como un gobierno diferente, es porque cada acción debe marcar la diferencia en la medida que beneficie a los ciudadanos, o acaso ¿qué no es la filosofía de la supuesta cuarta transformación?
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