Los clarososcuros de los topes
Los clarososcuros de los topes
Por: Mónica Fragoso Maldonado

Los topes o reductores de velocidad surgieron en el año 1953 y se le atribuyeron al físico Arthur Compton, que ganó el Premio Nobel de Física de 1927; se definieron como elementos que se colocaron en las vías de tránsito para ayudar a mejorar la convivencia entre los automovilistas y los peatones, reduciendo el número de accidentes que pueden suceder por exceso de velocidad, dado que su función principal es regularla.
En nuestro país no se tiene la cifra exacta de cuántos topes existen, sin embargo, en la Ciudad de México existen más de 30 mil, de los cuales más de dos mil 300 no se apegan a la normatividad.
Y si tú como yo pensabas que sólo eran propios de nuestro país, déjame decirte que estamos equivocados, pues existen en toda Hispanoamérica, claro con nombres diferentes: badenes en España, lomo de burro en Argentina, policías muertos en Panamá, rompe muelles en Perú, y policías acostados en Colombia y Venezuela.
Ahora bien, la pregunta a contestar sería descubrir si son realmente útiles o no; y la respuesta o reflexión es más profunda de lo que creemos, pues además del daño que se le ocasiona a los vehículos por pasarlos a una velocidad más rápida de la recomendada, los vehículos incurren en un gasto innecesario de gasolina, sobre todo, en estos momentos en que el calor y los niveles de contaminación han ido creciendo exponencialmente, pues al estar deteniéndose o desacelerando, y volviendo a arrancar o acelerar cuando pasan estos reductores de velocidad, se ha detectado un incremento sustancial de las emisiones contaminantes, que peligrosamente son las que se alojan en el tracto respiratorio humano, lo que conlleva a comprometer nuestra salud.
Una gran tarea de nuestras autoridades debería ser, revisar y autorizar la colocación de topes y a su vez retirar aquellos que no cumplan con la normatividad de colocación, ni de lugar idóneo; pues incluso muchos de ellos se han colocado por particulares con la finalidad de poner artículos a la venta. Además, valdría la pena buscar alternativas diversas como implementar la colocación de semáforos inteligentes manipulados por los transeúntes o puentes peatonales, donde sea posible utilizar bicicletas y que sean útiles para los discapacitados; pues las ciudades sustentables nos exigen pensar en todas las personas y sus necesidades.
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